Son las tres y media de la mañana. El despertador suena en un departamento de la ciudad y alguien, a oscuras, busca el interruptor con la mano. Los niños siguen dormidos cuando los cargas al coche envueltos en su cobija. El café del OXXO humea en el portavasos y el Periférico está vacío de una forma que casi da miedo. Faltan dos horas de camino y el cielo todavía ni piensa en aclarar.
Así empieza, para casi todos, el día en que vuelan en globo sobre Teotihuacán. Y es una lástima, porque el vuelo es una de las cosas más hermosas que se pueden hacer en México, y llega después de la peor madrugada del año.
Hay otra manera de empezar ese día
Imagina que esa misma mañana no arranca en el Periférico, sino en una casa de campo con el cerro al fondo. Te despiertas sin prisa, el aire fresco entra por la ventana, y en lugar de dos horas de carretera tienes veintiocho minutos hasta el globopuerto. Sales con el cielo todavía oscuro, pero descansado. Y cuando el globo por fin se eleva y el valle entero aparece bajo tus pies, con las pirámides recortándose contra la primera luz, no estás peleando contra el sueño: estás completamente ahí.
Eso es lo que cambia dormir cerca. No es solo comodidad. Es llegar al momento que viniste a vivir con la cabeza despejada para disfrutarlo.
Lo práctico, sin adornos
Los vuelos en globo sobre Teotihuacán salen al amanecer, muy temprano, porque es cuando el aire está en calma. La hora exacta cambia con la estación y con cada operador, así que confírmala al reservar tu vuelo. Lo que no cambia es la cuenta: desde Rancho La Escondida son unos 28 minutos en coche hasta el Globopuerto Volaré. Saliendo de la Ciudad de México, esa misma madrugada se convierte en un viaje de hora y media o dos horas, a oscuras, por carretera.
La casa es para grupos de hasta 20 personas, así que no es un plan de una pareja apretada en un cuarto de hotel: cabe la familia completa, los abuelos, los niños. Al volver del vuelo, en vez de encarar el regreso a la ciudad, encaras un desayuno en el porche.
Y después del globo, el día apenas empieza
Lo bonito de quedarse por aquí es que el globo no tiene que ser todo. A media mañana están las pirámides, a media hora. Para comer, La Gruta sirve dentro de una cueva de verdad, y a los niños les espera Reino Animal. De regreso a la casa, el jardín de 2,500 metros cercado, la fogata al caer la tarde y esa calma de campo que a una hora de la ciudad se siente mucho más lejos.
Volaste al amanecer y todavía te queda el día entero. Esa es la diferencia.
Cuando tengas tu vuelo apartado, escríbenos por WhatsApp y vemos las fechas. O mira primero cómo es la casa y por qué quedarse cerca de Teotihuacán.