Un domingo por la mañana, antes de las nueve, ya hay fila en Barbacoa El Pica. Gente del pueblo con su olla, familias que vienen de lejos, el vapor subiendo del consomé. Comer barbacoa aquí no es un trámite: es parte del fin de semana, de esas cosas que se cuentan después. A veinte minutos de la casa, es la primera recomendación que damos y la que nadie lamenta seguir.
Comer con historia alrededor
Cerca de las pirámides está La Gruta, un restaurante dentro de una cueva de verdad, con las mesas bajo la roca y la luz entrando por lo alto. Se come bien, pero sobre todo se come en un lugar que no se parece a ningún otro. Es el tipo de comida que uno recuerda tanto por el sabor como por dónde la vivió. El Jaguar, también junto a la zona arqueológica, es otra parada segura cuando el día es de pirámides.
Y luego está Papalotla, el pueblo de al lado, con su plaza pintoresca y sus puestos de comida. Nada de reservación ni etiqueta: te sientas, pides lo del día y ves pasar la mañana. Es el contrapunto perfecto a un restaurante con mantel.
O no salir de la casa
Hay días en que el plan es justamente no tener plan, no subirse al coche, no decidir nada. Para esos días preparamos comida mexicana tradicional ahí mismo, con al menos una hora de aviso, de siete de la mañana a diez de la noche. Platillos de los de casa, hechos con calma. Y si quieres, hay servicio de cocinera: alguien que acuerda el menú contigo, lo prepara a tu gusto y deja la cocina impecable, para que tú solo te sientes a la mesa con los tuyos.
Porque al final, un buen fin de semana se mide también en lo que se comió y con quién. Cerca de Teotihuacán hay de sobra para elegir, y cuando no quieras elegir, nosotros nos encargamos.
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